En la visión que existe en nuestra sociedades respecto a los derechos humanos, lo que se refiere al acceso al agua limpia  – potable – y a una red de desagüe – saneamiento – no parecen estar presente a la par del derecho a la educación , a la vivienda o a la salud entendido como un completo estado de bienestar  biosicosocial. El acceder al agua potable y una red limpia que garantice el desagüe de las aguas está, al menos en las letras, reconocido como un derecho humano esencial. Sin embargo, son numerosos los países y sus sociedades alejados de tal garantía,

Mil quinientos millones de personas – un tercio de la población mundial – no tienen acceso al agua potable y 3 mil millones de ellas no tienen posibilidad de alcanzar a algún tipo de saneamiento. Se calcula que al menos 1.500 millones de seres humanos siguen defecando al aire libre  con toda la carga de peligros sanitarios que ello conlleva. Estas cifras dadas a conocer año tras año por el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las naciones Unidas son estimados, con la clara convicción que son cifras a la baja pues son millones aquellos seres humanos, sus núcleos familiares que no son contabilizados, ya sea por problemas burocráticos o lo difícil del acceso a los sectores de vivienda de estos hombres y mujeres ubicados, fundamentalmente en: África, Asia y América Latina.

En esos continentes, la población rural de los países más económicamente deprimidos, junto a los núcleos urbanos que generalmente obedecen a procesos migratorios del campo a la ciudad, no disponen de los promedios de agua por día que la Organización Mundial de la Salud – OMS – ha determinado son los necesarios para satisfacer las necesidades más básicas. Hablamos de 50 a 100 litros de agua por día y por persona para ser usado en necesidades particulares y domésticas, si esto no es así, un derecho humano básico es violado permanentemente. La misma OMS señala que la pérdida anual – desde el punto de vista monetario que tanto gusta a los economistas – se cifra en 300 mil millones de dólares por carencia de acceso al saneamiento básico.  Se habla también que por cada dólar invertido en agua potable y saneamiento en regiones donde el líquido elemento brilla por su ausencia, se genera un retorno que gira entre los 10 a 25 dólares por persona.

Pero, no se trata sólo de invertir en lograr la disponibilidad de agua potable, sino también en tecnologías que faciliten su extracción en zonas complejas, como es el caso del África Subsahariana, sobre todo considerando que al actual ritmo de uso del agua su demanda se duplicará en el 2050- Por ello, los Estados más ricos, los organismos internacionales y los Estado nacionales deben garantizar esas políticas de extracción del agua pero también su funcionamiento continuo, el mantenimiento de los sistemas que eviten averías en la infraestructura creada de tal forma de reversar las cifras de perdidas en millones cúbicos de agua, que constituyen un tesoro indispensable en las regiones donde el vital elemento es más necesario que nunca para la sobrevivencia del ser humano, su agricultura y ganadería.

Por ejemplo, se relata en los informes de la OMS y el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas, en el tema de bombas manuales destinadas a la extracción de agua de pozos profundos el deterioro de estas inversiones por su escaso o nulo mantenimiento generó que las dos últimas décadas se dañaran 200 mil de estas bombas manuales, instaladas principalmente en el Sahel y el África Subsahariana lo que dejó a 100 millones de seres humanos, sus plantaciones y animales y volviendo improductiva la inversión cifrada en dos mil millones de dólares.

En el plano de mejoras colectivas, gobiernos populares como el de Brasil a la cabeza del PT, Bolivia de la mano del gobierno del MAS, Venezuela dentro del proceso de revolución bolivariana dieron pasos gigantescos para dar a la población si  saneamiento básico u nuevo norte sanitario. En Brasil, cuyo ejemplo es paradigmático la población sin saneamiento básico disminuyó en un 50%, entre los años 2000 y 2014 la tasa de residencias que se vincularon a las redes colectoras de desagües – por tanto hablamos de saneamiento ambiental que combina protección sanitaria y tratamiento de aguas – pasó del 50 al 80%. Eso es tremendamente revolucionario pues pone en el centro de las preocupaciones al ser humano y su entorno. En lo que dice relación al acceso al agua potable, la población brasileña pasó del 70 al 85% en el mismo período.

Brasil mismo es el ejemplo perfecto de la desigualdad. Es la potencia mundial en reservas de agua dulce totalizando el 13% del total pero está desigualmente repartida ya que el 70% de ella está en la zona amazónica – con escasa población – el 15% en la zona centro-oeste que es donde se concentra el 60% de la población de este gigante de 200 millones de habitantes. Un 6% en el sur y un 3% en el nordeste – una de las zonas con mayor escasez, sequias y escaso desarrollo económico. El agua en este país según cifras de sus autoridades se desperdicia en un 46% lo que sería suficiente para dar a agua a países como Francia, Suiza y Bélgica juntos.  Ello ha hecho plantearse a líderes de opinión como el del Teólogo, sacerdote, Filósofo, escritor, profesor y ecologista brasileño, Leonardo Boff que “es urgente un nuevo modelo cultural pues por ser un bien escaso se está notando una carrera desenfrenada por la posesión del agua. Quien controla el agua, controla vida y quien control la vida tiene el poder”

Para este pensador surge así la interrogante y el dilema “el agua ¿es fuente de vida o de lucro? ¿es un bien natural, vital e insustituible o es un bien económico y por tanto una mercancía transable? Los que buscan el lucro la tratan como mercancía, los que pensamos en la vida la vemos como un bien esencial para todos los organismos vivos y para el equilibrio ecológico del planeta. Tener derecho a la vida implica tener derecho a agua potable gratuita. Pero, al haber costos de captación, tratamiento, distribución, uso, reuso y conservación existe una dimensión económica innegable, que no debe prevalecer sobre el derecho, antes bien, debe hacerlo real y garantizado para todos”. Para Boff el agua dulce es más que un recurso hídrico, es vida con todas sus resonancias simbólicas de fecundidad, renacimiento y purificación. Esto tiene un inmenso valor pero no tiene precio. Si hay cuidado, será abundante para todos.

Resulta cada día más evidente que el futuro está en manos del control, el acceso y la posibilidad de usar el agua, un liquido convertido en el oro del futuro y que producto de su uso cada día más extensivo e intensivo será un bien escaso, que irá ampliando las brechas existentes entre un habitante del primer mundo – europeos y norteamericanos –  que consume en promedio 400 litros de agua diaria para necesidades particulares y domésticas y un africano de las zonas con mayor escasez,  que apenas llega a los dos litros diarios en promedio. Mil doscientos millones de seres humanos viven con menos de cinco litros de agua al día lo que hace recordar aquella máxima respecto a que “la pobreza de por si ya es mala peor la pobreza sin agua es el infierno en la tierra”.

La situación se agrava por ciertas situaciones.

  1. El 25% de los recursos hídricos del planeta han sido dañados por el denominado cambio climático a lo que se suma la sobreexplotación y la contaminación de acuíferos, campos de hielo y otros depósitos de agua dulce.
  2. Sólo el 2,5% dl gua del mundo es dulce y si bien existe la tecnología para desalinizar el agua del mar aún falta por resolver problemas ligados al uso de elementos químicos, para el proceso y el funcionamiento de la tecnología sin que esto afecte el ambiente. Cuestiones que aún hacen onerosa esta solución.
  3. Desde hace un par de décadas se viene sosteniendo que las guerras del futuro serán por el agua – las actuales como lo podemos ver a diario han sido por la hegemonía de los combustibles sólidos y sus procesos de extracción y distribución, léase oleoductos y gasoductos – y localizados, fundamental mente en los países del Magreb, Oriente Medio y Asia Central.

Los informes de estudios y análisis de las Naciones Unidas, del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, de la Unión Europea y sus diversas reparticiones, de los organismos tanto financieros como económicos y lógicamente de las necesidades de información de las grandes potencias concluyen que el tema del agua será el eje central de las disputas territoriales y geoestratégicas cuando el tema de los combustibles sólidos ya no sean una dificultad – ya sea por su agotamiento o su reemplazo por energías alternativas –

El agua potable y el saneamiento es un desafío ineludible, es un derecho humano consagrado que ha adquirido importancia geoestratégica a partir del hecho que la escasez del agua potable puede ser la causa futura de conflictos bélicos sobre todo considerando la cifra de cientos de millones de seres humanos carentes de este vital elemento en 50 países de un total de 192, que se ubican dentro de los países con los indicadores de desarrollo humano más bajos del mundo. Para el año 2025 la cifra de seres humanos que sufrirán la escasez de agua potable se elevará en tres mil millones en un marco de distribución desigual de los recursos hídricos y del control de este recurso.

Los científicos han pronosticado que dentro de cincuenta años disminuirá en un 30% las reservas de agua dulce en el mundo – porcentaje conservador pues se habla de un 50% – cuestión que no sólo es producto del cambio climático global que sufre el planeta, sino también el modelo socioeconómico – un neoliberalismo a ultranza – que depreda los recursos, consume irracionalmente le recurso hídrico. Si nuestra conducta, si nuestro actuar frente al agua no cambia indudablemente los conflictos por el agua serán irremediables, tal como se está viendo ya en el norte africano respecto al Nilo, en oriente medio con el tema de los deseos turcos de controlar el agua de la zona a través de la Presa Ataturk. Entre Uzbekistán y Tayikistán por el Río Vakhsh. El conflicto palestino-israelí donde la política sionista declaró como su propiedad todos los recursos hídricos. Los problemas derivados de la cuenca del Río Zambeze entre otros, signan que el futuro de la humanidad no es auspicioso en materia del uso, control y disfrute del agua.

Pablo Jofré Leal